Este segundo ciclo de cuarentenas totales me ha pegado más fuerte que las otras. Me he puesto más pesimista, he estado más cansado, no he encontrado motivación para entrenar y mi equipo de entrenamiento parece llorar detrás de la capa de polvo que el no uso ha cubierto sobre éste.

Durante la semana, leí una interesante entrevista en el New York Times a Neil deGrasse Tyson (la pueden leer acá) en la que examina la menor confianza de las personas en la ciencia, dando paso a la proliferación de fake news, movimientos antivacunas e incluso negacionistas de la actual pandemia. Dentro de las causas, identifica la pérdida de curiosidad de las personas, los sesgos a priori de los pocos que siguen curiosos (solo investigan para confirmar sus prejuicios) y la falta de delivery que la ciencia ha tenido con la población (ya deberíamos andar en autos voladores, ¿cierto?).

Los economistas también hemos fallado. En lo personal, creo que el libre mercado es el mejor sistema de distribución de los recursos, lo que también se sustenta en los datos macro y microeconómicos. ¿Qué entiendo por “mejor”? Fácil, es cosa de ir a una de las definiciones de Economía (que no se refiere a PIB, ni a desempleo, ni siquiera a dinero), en la que básicamente se entiende a la disciplina como “la búsqueda de bienestar, con lo que tenemos disponible”. El libre mercado ha hecho por la salud, la disminución de la pobreza, el progreso tecnológico, el ocio, etc., más que cualquier otro sistema económico en la historia de la humanidad (Sala-i-Marti, 2002). Sin embargo, no ha hecho muchas de las cosas que prometía que haría, producto de falta de mercado o por fallas de éste, que el mismo sistema no es capaz de resolver por sí mismo. El daño medioambiental, la desigualdad, la concentración, el abuso de posiciones dominantes, la corrupción, entre otros, son desafíos frente a los cuales, por acción u omisión, los economistas somos responsables y aún queda mucho por hacer. 

Es cierto que no somos los únicos culpables (ni los mayores), pero sin duda que parte de nuestra responsabilidad moral es mejorar las condiciones de vida de quienes habitamos nuestros barrios, nuestras ciudades, nuestro país, etc. La búsqueda de soluciones a los problemas que no hemos podido resolver ha llevado a que hoy veamos políticas populistas y cortoplacistas, una ausencia de visión de futuro, una constante erosión de las instituciones, aparición de charlatanes y un casi deportivo ninguneo por parte de ciertos grupos hacia quienes ejercemos la profesión. En esta coyuntura, se pone cuesta arriba el desafío de convencer a nuestra sociedad de que debemos perfeccionar el libre mercado y no terminar con él.

Ante este diagnóstico, ¿qué hacer? Para el reencantamiento científico, deGrasse propone algo: llevar una misión tripulada a Marte el 2035. Los integrantes del equipo no deberían sobrepasar los 30 años, por lo tanto, todos los futuros astronautas estarían hoy en el colegio, ¡qué mejor incentivo para involucrarse en ciencia! La prueba de hoy, el trabajo grupal de la próxima semana, esa tarea que se evita hacer, todo ahora tendrá un sentido, un propósito. 

Para no ser menos, en lo que a nosotros respecta, también propongo algo: hacer que Chile alcance un PIB per cápita de US$40 mil dólares PPP y reduzca el coeficiente de Gini, después de transferencias e impuestos, a 0,40, en un plazo de 15 años. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No, Irlanda, después de una profunda recesión post crisis subprime, lo hizo.

Para volver a motivarme, también me propuse algo: terminar el Ironman de Pucón 70.3 2022 (sí, soy optimista) en menos de 5,5 horas. ¿Difícil? Sí. ¿Desafiante? Sin duda. ¿Lograble? Con trabajo, claro que sí. 

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de FYNSA

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