La gran noticia de la semana tuvo que ver con, primero, el incremento de tasas realizado por el Banco Central y, segundo, la publicación del Informe de Política monetaria de septiembre, en el que se fundamenta de manera más amplia aquella decisión.

En el caso de que no lo haya visto, le hago un resumen: El Ente Emisor aumentó su estimación de crecimiento para 2021 hasta el rango 10,5% – 11,5%, por una expansión mayor del consumo (privado y del gobierno), fomentado por las ayudas estatales, la mayor liquidez, y los procesos de desconfinamiento. Lo anterior, en un contexto de restricciones de oferta, depreciación coyuntural del tipo de cambio y alza de costos, provocó que también se ajustara la previsión de inflación, desde 4,4% hasta 5,7% para fin de año. En respuesta, el Consejo resolvió aumentar la TPM en 75 pb, hasta 1,5%, incrementos que continuarían en las reuniones venideras, tanto de 2021 como de 2022.

Es preciso reconocer que lo anterior me sorprendió. Si usted leyó mi última columna, se habrá dado cuenta. Pero si uno asume que el escenario macroeconómico del Banco Central es correcto, es difícil contraargumentar su decisión y, sobre todo, el tono que imprime sobre la trayectoria futura de la política monetaria. Respecto a junio, se ha dado un escenario de gasto de los hogares superior al proyectado, lo que se suma a la ampliación de las ayudas estatales y a una propensión marginal a consumir (o sea, el porcentaje de los ingresos que se dedican al consumo) de la población promedio mayor a lo estimado. Si a lo anterior se suma una alta mantención de saldos líquidos, ya sea en cuentas corrientes o cuentas vista, que no ha ido a complementar otras fuentes de ahorro, se puede intuir que el dinamismo del consumo seguirá.

Adicionalmente, el tipo de cambio se ha depreciado en circunstancias que los fundamentales macroeconómicos indicarían que se debería haber apreciado. Y no sólo estamos hablando frente al dólar, ya que debería haber ocurrido de manera multilateral también. Muchos indican que esto sería inflación importada, lo que está lejos de ser cierto. La depreciación cambiaria es, en palabras correctas del Central, idiosincrática. Reconozco la valentía de la Institución, ya que es muy difícil ser así de correcto en una coyuntura en la que ninguno de los otros actores lo es (en particular ciertos sectores del parlamento). La depreciación se debe a la incertidumbre local, a los cambios de las reglas del juego, a la descapitalización del sistema financiero y a la posibilidad de que la institucionalidad política y económica local termine de desmoronarse. ¿Es eso internacional? Lo dudo.

Dado lo anterior, aproximadamente un 75% de las razones de mayor inflación serían locales. El otro 25% internacional, pero dada su interacción probablemente los porcentajes se solapen bastante, considerando que, por ejemplo, muchas presiones inflacionarias de la oferta muchas veces no se traspasan a precios finales dado que la demanda no da las condiciones para hacerlo. Un alza de costos no siempre se traspasa al consumidor: se lo comen los márgenes. Un aumento transitorio de la demanda no siempre causa mayores precios si es que los inventarios son altos y se observa una alta competencia entre las firmas. Por lo tanto, es el contexto en su conjunto el que está causando presiones inflacionarias y no se puede hacer vista gorda a aquello.

En consecuencia, siguiendo su mandato constitucional y haciendo uso de sus atribuciones, el Consejo decidió aumentar la TPM en 75 pb, hasta 1,5%, dando un mensaje de preocupación hacia adelante y dejando claro que mayores alzas serán necesarias. ¿Cuánto más? Bastante más. Tanto así, que es altamente probable que en marzo de 2022 la tasa rectora se ubique en torno a su nivel neutral (3,25%) y que luego supere por algunos trimestres este valor.

Finalmente, señales de alerta. Dado que algunos, que deberían dejar de mirar la paja en el ojo ajeno y ver la viga en el propio, han actuado fuera de sus competencias, la situación inflacionaria y financiera podría salirse de control. Un cuarto retiro (o uno total), una no convergencia fiscal u otras medidas creativas en esta línea causarían desequilibrios que NINGÚN Banco Central en el mundo podría compensar. En palabras del mismo informe, se menciona que “El Banco Central actuará en concordancia con su mandato de controlar la inflación, tarea que será menos costosa para la economía en la medida en que otros actores contribuyan a restaurar los equilibrios macroeconómicos que se han perdido durante la pandemia.” Esperamos que el último bastión de cordura económica del país pueda abrirle los ojos al resto.

 

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

Volver