Veinticuatro de marzo de 1985. Santiago. Estadio Nacional completamente lleno, pero lleno con las tablas que había antes y no con los asientos abatibles que tenemos ahora, o sea 80 mil personas y porque después de eso ya nadie contaba. Clasificatorias (o Eliminatorias, elija usted) para el Mundial de México 86: Chile recibía a Uruguay. Partido tenso, rudo, de pierna fuerte, con futbolistas sin cortes de pelo estrafalarios, tatuajes hasta el cuello ni millones de seguidores en Instagram. A los veintiocho minutos del primer tiempo, Hugo Rubio marcaba el 1-0 y rompía gargantas locales. Pero el partido seguía siendo tenso, la ventaja exigua y el rival peligrosísimo.

Minuto cincuenta y dos. En un intento de desborde el mismísimo autor de la primera diana, falta casi pegada a la línea de fondo a favor del elenco local. Jorge Aravena toma el balón y lo acomoda menos de un metro dentro de la cancha, en una jugada que noventa y nueve veces de cien termina en un centro al área chica o en una apertura hacia atrás para un remate trabajado durante la semana. ¿La razón? No hay ángulo al arco, casi no se puede distinguir entre el primer y el segundo palo. Además, la barrera charrúa estaba a ¿4? metros, “si es que”, por lo que lo más probable es que se cumpliera la lógica. Pero esta columna no se escribiría si la lógica hubiera operado, ya que el Mortero le pega fuerte, arriba, con mucho efecto y la pelota se abraza con la red del arco de Rodriguez, el portero uruguayo. Nacía el gol imposible.

Quizás sin la misma mística, sin la misma pasión y, de seguro, sin el mismo talento, he tratado de entender qué pasa con la estructura de tasas en Chile. Seguro explicaciones hay muchas, todas convergiendo a la incertidumbre del proceso constituyente y a la “ruptura” del mercado en la parte larga de la curva provocada por los retiros de los fondos de pensiones, pero no he visto que nadie pueda asignarles incidencias a estos eventos o, incluso, pronosticar si todo está en los precios o si todavía estamos a medio camino de una corrección aún mayor. Tengo un modelo que ha funcionado muy bien en situaciones “normales” (o más bien antes del 19 de octubre de 2019) y sigo pensando que es la aproximación correcta, pero uno de sus componentes necesita ser re estimado y ahí radica todo mi problema: la situación es tan inédita y cambiante, que cualquier ejercicio estadístico me daría proyecciones sesgadas, con cero ideas de qué signo siquiera tiene ese sesgo.

Pero le busqué el ángulo. Porque mientras buscaba algo perfecto, había olvidado que pasaban y pasaban los días y mis clientes necesitaban respuestas. El público estaba nervioso, tiraba cosas a la cancha, así que había que resolver rápido. Me colgué de un trabajo realizado por Damián Romero, el que estimó el comportamiento del componente que necesitaba, llamado premio por plazo, aunque para un periodo anterior (2003-2014). Aunque varias cosas son distintas ahora, creo que el ejercicio sirve para, por lo menos, tener órdenes de magnitud respecto a lo que está pasando en este momento. Si tomamos como referencia el periodo 2011 – 2020, las tasas se encuentran baratas, demasiado castigadas y deberían caer por lo menos 100 pb en la parte más larga. Sin embargo, esa referencia pareciera ser ilusoria por el momento, tanto por condiciones macro por asuntos de liquidez. Si tomamos el trabajo de Romero y tomamos sus estimaciones para el periodo 2010-2014, las tasas nominales estarían “en su precio”, aunque la parte más larga en UF estaría relativamente barata. ¿Y qué pasa si tomamos como referencia la crisis sub-prime? Ahí sí que el mercado estaba estresado, pero ¿estaba tan estresado como ahora? Veamos: Si incorporamos aquellas estimaciones y las aplicamos a nuestro modelo, las tasas estarían caras y tendrían espacio para subir casi 150-200 pb todavía. De todas formas, una advertencia: en ese momento no sólo había un componente de incertidumbre local, sino que también internacional, lo que, tal como se muestra el mismo trabajo que citamos, influye enormemente en los premios por plazo locales. ¿A qué se parece más la coyuntura actual? Le dejo esa evaluación al lector.

Ya, ok, es posible que más que pegarle al arco esté buscando dar el pase atrás o tirar la pelota al córner. Pero yo ya dije que no tenía el talento de El Mortero. Y aunque no pueda hacer una “estimación imposible” (por el momento) si puedo buscar el ángulo por otro lado para, al final, también tratar de ganar el partido.

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa

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