El primer encuentro de alto nivel entre diplomáticos de China y de la nueva administración de EE.UU. estuvo marcado por la dureza de sus posiciones. La retórica de los representantes de ambos países deja en claro que las relaciones seguirán tensas y, lo más importante, que el gobierno del presidente Biden mantendrá por el momento las restricciones comerciales y regulatorias impuestas por el anterior gobierno de Donald Trump. Para los analistas, el presidente Biden necesitará alinear los múltiples intereses en juego antes de poder implementar su propia estrategia. Según la firma de investigación Gavekal, EE.UU. debe manejar cuatro aristas principales en su relación con China:

  • Seguridad nacional, asegurando la superioridad tecnológica y militar de EE.UU. sobre China.
  • La importancia del mercado chino para las empresas estadounidenses, cuyas ventas en el gigante asiático se aproximan a los US$600.000 millones anuales.
  • El nacionalismo económico, que busca recuperar la base manufacturera de EE.UU.
  • La defensa de los derechos humanos, un creciente punto de fricción entre China y la comunidad internacional.

Para los próximos meses uno de los impactos más importantes podría darse con la implementación de la Ley de Responsabilidad de las Empresas Extranjeras aprobada por EE.UU. el año pasado. Esta obliga a las empresas chinas listadas en las bolsas estadounidenses a entregar información auditada, lo que va en contra de las regulaciones chinas, que prohíben que estos documentos sean enviados al extranjero. Esto podría significar la salida de US$2 billones (millones de millones) en inversiones en acciones de empresas chinas listadas en las bolsas de EE.UU.

Volver