Es probable que muchos de ustedes hayan tenido la oportunidad de ver “The Big Short”, película ambientada en la crisis de hipotecas subprime que detonó en los mercados financieros de Estados Unidos, para extenderse luego a Europa y al resto del mundo. Basada en el libro “The Big Short: Inside the Machine Doomsday” de Michael Lewis, el film describe algunos de los factores que detonaron la crisis y relata la historia de personas que vivieron de distinta manera esos complejos días. Uno de ellos es el doctor Michael Burry, interpretado por el actor inglés Christian Bale, un ex neurólogo, con Asperger y ceguera en un ojo que oficia de gestor de un fondo de cobertura. Mas allá de la calidad del libro y de la película para representar fielmente lo ocurrido por esos días, hoy vuelve a mi memoria una frase expresada casi al final de la película: ““Burry concentra todas sus inversiones en un commoditie: agua” (“Burry is focussing all his trading on one commodity: Water”).

Esa frase cobra hoy especial sentido. El agua no sólo es fundamental para la vida del ser humano, sino también es un factor productivo clave en muchos sectores de la economía. De primera importancia en la actividad agrícola, forestal y pesquera, empleada con intensidad en el sector energético y faenas extractivas como la minería e incluso en la producción de los bienes más sencillos que utilizamos a diario. Por ello, las Naciones Unidas no dudan en calificar el agua como un componente esencial de las economías, necesario para crear y mantener los puestos de trabajo.

¿Dónde está el problema? El recurso hídrico es cada vez más escaso, debido al crecimiento de la población, a los efectos del cambio climático y al mal uso del recurso. Según estudios recientes el 97,5% del agua es salada (océanos), un 2,24% es agua dulce (ubicada en casquetes polares, glaciares y agua subterránea profunda) y sólo un 0,26% es agua dulce accesible al consumo humano (lagos, embalses y canales fluviales). Se estima que más de 2 mil millones de personas aún no tienen acceso a agua potable en sus hogares. Son muchos los analistas internacionales que sostienen que la disputa por el agua será la principal fuente de conflictos mundiales.

El mundo debe enfrentar un tremendo desafío. Se genera una gran oportunidad para que los gobiernos y el sector privado desarrollen propuestas tecnológicas que permitan expandir el acceso al agua potable. La investigación permite contar con innovadoras tecnologías que nos permiten condensar el vapor, extraer agua del aire seco del desierto, desalinización del agua de mar, sistemas de filtración de agua para consumo, reciclaje y tantas otras.

Surge entonces la pregunta: ¿cómo invertir en agua? Probablemente lo más sencillo sea adquirir un terreno con derechos de aprovechamiento de agua o aledaño a un río. Y nadie duda que puede ser una alternativa válida, sin embargo, en la actualidad existen a nuestra disposición modos más rápidos, eficientes y diversificados de lograr el mismo objetivo.

Estoy pensando por ejemplo en la inversión en compañías públicas que participen en el negocio del tratamiento y distribución de agua (utilities), vía un Exchange Traded Funds (ETF) o directamente en alguna compañía.

Dentro de la oferta de fondos activos y pasivos del mercado se encuentran:

Multy Family Office FYNSA

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