Decía Juan Luis Guerra que “el costo de la vida sube otra vez, el peso que baja ya ni se ve”, en referencia a las altas inflaciones que enfrentaba Republica Dominicana a fines de los 80s y comienzos de los 90s, que entre el 88 y el 91 promedió casi 50% anual. Aunque las fuentes de la inflación pueden ser diversas, en América latina por lo general están relacionadas con desbalances monetarios, altos niveles de gasto fiscal y/o devaluaciones importantes.

El caso de Chile, para esos años, no era muy distinto. Sin embargo, la transición a la democracia, los comienzos de un Banco Central independiente y, sobre todo, acuerdos políticos amplios entre el oficialismo, la oposición y los sindicatos, posibilitaron que el objetivo de reducir la inflación se lograra de manera ordenada, creíble y sostenible. Hoy, 30 años después, el país goza una estabilidad de precios que cualquiera de nuestros vecinos (e incluso varios países OECD) querría. 

En lo más reciente, después de algunos registros más elevados de lo esperado, el IPC mostró una variación de sólo 0,2% en febrero, respecto a enero. Esto sorprendió al mercado, que esperaba el doble, y que se había asustado algo con el 0,7% de enero (que diría Juan Luis Guerra en los 90s sobre una variación de 0,7%, ¡saltaría en un pie!). Si bien nuestra economía aún cuenta con varios mecanismos de indexación, su evolución ha permitido que no necesariamente una mayor inflación pasada signifique mayor inflación en el futuro. O sea, podría ocurrir, pero las causas serían diferentes. 

Pensar en que Chile enfrentaría durante 2021 altas presiones inflacionarias es sólo mirar una parte de la película. Es cierto que algunos quiebres de stock locales, incrementos del precio de los alimentos y combustibles y algunos ajustes tarifarios podrían aumentar los precios en el corto plazo, pero desde un punto de vista más largo no debemos olvidar que la economía recién muestra tímidas señales de recuperación y que algunos mercados, como el laboral, están débiles y demorarían más en normalizarse.

Dicho lo anterior, por temas de bases de comparación, la inflación interanual podría, a mediados de año, aumentar y llegar a superar el 4,0%. Pero a no preocuparse, ya que, una vez entrado el segundo semestre, deberíamos ver una normalización paulatina que nos haga volver al 3,0% objetivo. Ese objetivo que, durante los 90s, para Juan Luis habría sido visa para un sueño.

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