Mucho se ha escrito sobre la profunda huella energética – y de carbono – que generan las criptomonedas, como el Bitcoin o el Ethereum, entre otras. La capacidad de procesamiento computacional que demanda el “minado” de criptomonedas – en el que normalmente los equipos se utilizan durante las 24 horas del día los 7 días de la semana — se suma a la energía que demanda cada transacción realizada. Al final del día, las criptomonedas consumen más energía que países como Argentina o Filipinas, por ejemplo.

Pero esta intensa actividad de procesamiento no solo genera una profunda huella de carbono. También genera una gran cantidad de e-waste, o basura electrónica. Según un estudio publicado por Resources, Conservation and Recycling (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0921344921005103?dgcid=author), cada transacción produce más de 250 gramos de desperdicios electrónicos, equivalente al peso de dos iPhones arrojados a la basura.

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