Los indicadores de actividad de octubre muestran algo que ya veníamos adelantando en este espacio: la economía continúa dinámica, pero cada vez menos dinámica a medida que las fuentes que han explicado el crecimiento en 2021 se empiezan a agotar. Se ha repetido hasta el cansancio, pero han sido las ayudas del Estado, los retiros de los fondos de pensiones, las expansivas condiciones financieras y el mejoramiento de la situación sanitaria lo que está detrás de las ya constantes variaciones interanuales sobre los dos dígitos.

En particular, el Imacec correspondiente a octubre evidenció un alza de 15,0% respecto al mismo periodo del año anterior, lo que se encontró por sobre lo que esperábamos (14,1% a/a). Con relación a septiembre, la serie desestacionalizada mostró una variación de 0,8% m/m, lo que deriva en una velocidad de crecimiento anualizada de 15% t/t, disminuyendo frente al 20,1% t/t del mes pasado. Si bien estos números siguen siendo altos, cada vez lo son menos ya que, en mayor o menor grado, no todos los elementos siguen alineados hacia el mismo lado.

Esto lo podemos notar al desagregar el resultado. Por un lado, y con una dinámica propia y aparte, el Imacec minero rompió la tendencia de los meses previos y creció en términos interanuales 0,6%. Por su parte, el Imacec no minero experimentó un alza de 17% a/a, principalmente incidido por el buen desempeño de los Servicios (19,6% a/a) y el Comercio (17,7% a/a). Sin embargo, en términos desestacionalizados, este último sector mostró una caída respecto a septiembre de 1,0%, rompiendo cinco meses consecutivos de alzas en el margen. Servicios fue uno de los últimos sectores en subirse al carro del crecimiento, por una razón muy simple: podría haber muchos retiros, muchos IFE, tasas bajas, etc, pero sin la posibilidad de acceder a éstos producto de las restricciones sanitarias, nada se podía hacer. Por lo tanto, el dinamismo iba aparejado de los procesos de desconfinamiento, particularmente en ciudades grandes. Al estar gran parte del territorio nacional con condiciones de movilidad avanzada, cada mejora adicional tiene un impacto menor que la anterior. De todas formas, creemos que aún hay algunos subsectores algo más rezagados que el resto, por lo que esperamos que esta desaceleración sea suave.

Adicionalmente, tomando en cuenta que el Presupuesto 2022 no considera la mantención del IFE universal y que los retiros de los fondos de pensiones han disminuido su probabilidad de seguir avanzando (sumado a que los que pueden acceder cada vez más son personas de recursos más altos), el crecimiento del consumo privado debiese ir acotándose durante los próximos meses. Es posible que lo anterior sea parcialmente compensado por la mejor situación del empleo que hemos observado recientemente, pero el orden de magnitud debiese ser considerablemente menor. Si a lo anterior le sumamos los incrementos de la TPM por parte del Banco Central, para contener la galopante inflación, y los efectos nocivos en el mercado financiero que han tenido los retiros, la incertidumbre y otros, las condiciones monetarias ya no son lo que eran hace algunos trimestres, lo que se ha manifestado claramente, por ejemplo, en las condiciones ofrecidas en los créditos hipotecarios.

Así, con todo, si bien los avances de dos dígitos interanuales continuarían (esperamos un poco menos de 13% para noviembre) no será la tónica de 2022. Desde el segundo trimestre en adelante veremos una ralentización importante de las tasas de crecimiento, con una alta probabilidad de enfrentar una recesión técnica a fines del tercer trimestre. De esta manera, nuestra estimación para el aumento del PIB para el próximo año no supera el 2,5%, una vuelta a la realidad que llegará muy de golpe, pero que nos permitirá enfocar la discusión nuevamente en cómo hacemos para crecer más y mejor.

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

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