Los resultados de las elecciones generales en Chile no dejaron indiferente a nadie. Por supuesto que los titulares se los llevaron aquellos de la presidencial, que dieron como ganador a José Antonio Kast, con un 27,9% de las preferencias, seguido por Gabriel Boric, con un 25,8%, los que pasaron a la segunda vuelta. Sin embargo, independiente de lo anterior, me parece que el resultado de la elección parlamentaria cobra una relevancia que podría ser aún mayor para la gobernabilidad de los próximos cuatro años (si es que la Convención Constitucional y el plebiscito de salida así lo quieren, no está de más decirlo).

La Cámara de Diputados estaría conformada, desde marzo próximo, por una mayoría de la actual oposición, con 80 diputados pertenecientes a Apruebo Dignidad, Nuevo Pacto Social y otros afines, lo que configuraría un 52% de los votos. Por su parte, Chile Podemos más, Frente Social Cristiano y otros afines llegarían a 68 posiciones, equivalente a 44% de los sufragios. El Partido de la Gente, no perteneciente, en el papel, a ninguna las coaliciones anteriores, eligió 6 diputados, a lo que se suma 1 de Centro Unido. Si bien la mayoría de los proyectos presentados por la Centro Izquierda y la izquierda podrían pasar este trámite legislativo, aquellas iniciativas que requieran quórums especiales (con la actual Constitución) necesitarían necesariamente de un acuerdo con parlamentarios “del frente”. De hecho, ninguno de los dos sectores, sumando a sus filas a congresistas electos por el Partido de la Gente, alcanzaría los 3/5 (93 votos) ni menos los 2/3 (103 votos). Aquello nos hace creer que las propuestas más controversiales de cualquiera de los candidatos que resultase electo presidente tendrían una menor posibilidad de ser aprobadas o, si lo hacen, sería después de un acuerdo más transversal.

Por su parte, el Senado quedó “empatado”, con 25 senadores pertenecientes a Chile Podemos más, Frente Social Cristiano e independientes afines (50%), mientras que Apruebo Dignidad escogió 5, Nuevo Pacto Social 17 y otros independientes afines sumaron 2. Esta composición haría que incluso las leyes ordinarias requerirían algún tipo de acuerdo con un congresista de la otra vereda, o, en el caso de aquellas que necesitan quórums elevados, de por lo menos 5. Esto también traería algo de entendimiento más transversal en las iniciativas que se quieran llevar a cabo, de nuevo, independiente de quien ocupe la primera magistratura en marzo próximo. 

Por su puesto que lo anterior no está exento de riesgos. Una posibilidad es que la conducción político-económica del ejecutivo requiera de consensos importantes, pero otra es que la composición del Congreso cause un estancamiento legislativo, con bloqueos de una u otra parte, lo que difícilmente traería estabilidad. Es más, tal como mencionó el analista Patricio Navia en nuestro último evento, aquello podría provocar que, dentro de la nueva Constitución, se incorporen cambios significativos a los poderes del Estado que requieran llamar a elecciones anticipadas. Dentro del convulsionado ambiente financiero, no sería la mejor de las noticias, dada la fragilidad que evidenciaría nuestra democracia. Llámenme inocente, pero espero que sean los acuerdos los que se impongan y no más fracturas.

Nathan Pincheira

Economista Jefe de FYNSA

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