En la Batalla de Heraclea (280 AC) y Ásculo (279 AC), el Rey griego Pirro de Epiro se enfrentó a las legiones romanas, en las denominadas Guerras pírricas, las que determinarían la dominancia romana en la región mediterránea. En ambas batallas, más allá del resultado final de la guerra, el rey Pirro resultó victorioso, aunque con una cantidad considerable de bajas. De aquí proviene la locución “victoria pírrica”, que se refiere a una victoria lograda a tal costo, que pareciera resultar desfavorable al bando supuestamente vencedor.

El Banco Central publicó el Imacec de mayo, mes que contó con un día hábil adicional, el que aumentó 18,1% respecto al mismo periodo de 2020. Esta es la mayor variación desde que el indicador se publica como lo conocemos, lo que fue celebrado por autoridades económicas, políticas y el mercado. Al parecer, los efectos negativos de la pandemia sobre la actividad estarían quedando atrás y la recuperación es inminente. ¿Cierto?

No con tanto agrado (aunque quizás algunos amigos discrepen), tengo que ser el aguafiestas. Es cierto que el crecimiento anual del Imacec representó un récord histórico. También lo es que las empresas y personas se han podido adaptar a la pandemia que lamentablemente todavía golpea al planeta. No se puede obviar que la actividad, en términos desestacionalizados, aumentó 2,6% respecto a abril, cortando dos meses de caídas consecutivas y siendo el avance más importante desde septiembre del año pasado. Todos, datos que son intrínsecamente buenas noticias. 

Sin embargo, el récord histórico es, en gran parte, explicado por la bajísima base de comparación que representa mayo de 2020, que, junto con junio, fueron los meses de peor desempeño de 2020, coincidentes con las medidas más estrictas de confinamiento. La adaptación de las empresas y personas no ha sido homogénea, ya que si bien ciertos sectores económicos ya incluso superaron los niveles pre pandemia, algunos siguen siendo tremendamente afectados e incluso, con cicatrices permanentes. Las cifras de empleo lo dejan muy al descubierto, ya que, siendo que mayo fue un mes de menores restricciones de movimiento, se volvieron a destruir plazas de trabajo, salió gente de la fuerza laboral y empeoraron todos los indicadores de participación. Una señal bastante clave al respecto es que, mientras las Ventas del Comercio Minorista muestran un crecimiento desestacionalizado acumulado de 46,1% desde marzo 2020, el sector comercio ha sido el que más ha destruido empleos en el mismo periodo, con 190 mil menos puestos de trabajo. 

Respecto a haber recuperado los niveles pre pandemia, vamos un poco más allá: la economía aún se encuentra un 1% por debajo lo alcanzado en agosto 2019 (el mayor nivel antes de…) y un 4% por debajo de lo que potencialmente podría haber estado, en un escenario conservador, de no haber habido ni crisis social ni covid-19. En una mirada más larga y que nos permite eliminar el efecto de base de comparación, el PIB móvil de los últimos 12 meses llegó a -0,92%. E insistimos, mayo fue un mes bueno en términos de desconfinamiento (de hecho, por eso nos sorprendió tanto el mal dato de empleo), lo que sabemos no se repitió en junio. 

No se confundan, a mí me gusta celebrar cuando pasan cosas buenas. Pero como dijo Pirro después de vencer en Heraclea y Ásculo “Otra victoria como esta y volveré solo a casa”.

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

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