Esta semana, el INE publicó el IPC correspondiente a noviembre, el que aumentó 0,5% respecto a octubre. Una variación bastante menor a los dos precedentes (1,2% y 1,3% en septiembre y octubre, respectivamente), lo que pudo haber sido leído como una ralentización de las presiones inflacionarias. Sin embargo, creemos que nada más alejado de la realidad y que, lamentablemente, el dato del décimo mes del año incluso las pudo haber intensificado.

Durante la entrega del mes anterior, destacábamos que la variación era algo “mentirosa” puesto que sólo dos productos explicaban más de un 60% del alza, mientras que los indicadores subyacentes mostraban una importante desaceleración. Bueno, al parecer eso sólo fue una golondrina, puesto que en esta oportunidad nuevamente las variables relacionadas con las presiones inflacionarias exhibieron un incremento. En primer lugar, el IPC sin Volátiles experimentó un aumento de 0,7% m/m (0,3% m/m en octubre), con lo que su incremento en doce meses llegó a 4,7%. Desagregando, nuevamente fue el componente de bienes el que lideró el alza (1,2% m/m; 5,7% a/a), aunque aquel de servicios no lo hizo nada de mal (0,4% m/m; 4,1% a/a). En segundo lugar, el índice de difusión (medido como el porcentaje de bienes y servicios que aumentó de precio) llegó a 58%, MUY por sobre noviembre del año pasado (38%), el del 2019 (48%) y el promedio de los noviembres desde 2013 (45%). En tercer lugar, aunque no menos importante, notamos que el IPC de bienes de alta demanda y otros indicadores relativos a la percepción inflacionaria retomaron su senda alcista, luego del respiro que habíamos observado en octubre.

Por lo tanto, podemos ver que las presiones inflacionarias locales, sumadas a las externas exacerbadas por la depreciación cambiaria idiosincrática provocada por la inestabilidad política y financiera, siguen estando presente en nuestra economía. Esto afecta relativamente más a las personas de menos recursos y a todas aquellas familias y empresas que no tienen o no pueden acceder a instrumentos que los protejan de la inflación. Es por esto que, dado su mandato constitucional, confirmamos nuestra expectativa de una nueva alza en la TPM durante la reunión que el Banco Central realizará el 14 del presente mes, de por lo menos 100 pb, lo que intentaría alcanzar un nivel neutral de tasa real. La palabra final la tendrá el Consejo en la publicación del IPoM, pero creemos que, luego de esa alza, quedarían por lo menos 75 pb más de aumento. ¿Por qué no mucho más? Porque 2022 será diferente a 2021, la demanda mostrará una importante desaceleración desde el segundo trimestre y, de ver más presiones inflacionarias, creemos que hay más probabilidad que provengan desde la oferta.

Por eso, para hacer análisis serios, no hay que dejarse influenciar demasiado por el último dato. No vaya a ser que, como muchas veces, una golondrina no hace verano.

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa

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