Si hay un espíritu rupturista en los negocios es el de Elon Musk. Cambió el paradigma de la industria automotriz con sus vehículos eléctricos, revolucionó los viajes al espacio con sus cohetes reutilizables y sueña con llevar una misión humana a Marte. Otra de sus apuestas es llegar con internet satelital a todos los puntos del planeta a través de Starlink, una filial de su empresa espacial SpaceX. En agosto, Starlink estará en condiciones de hacerlo. En Chile tiene un piloto para llegar con sus servicios a escuelas ubicadas en dos puntos apartados del territorio: Caleta Sierra, en Coquimbo, y Sotomó, en Los Lagos. La apuesta de Musk es gigantesca. Ya ha lanzado 1.500 satélites. La operación demandará inversiones de entre US$5.000 millones y US$10.000 millones hasta generar un flujo de caja positivo, dijo Musk en el Mobile World Congress el mes pasado. Y las inversiones necesarias para mantener a Starlink en una posición competitiva es de entre US$20.000 millones y US$30.000 millones a largo plazo. ¿Cuál es la principal meta de Starlink? “No quebrar”, dijo medio em broma Musk durante el congreso.

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