US$61.000 millones. Eso es lo que dejará de vender este año la industria automotriz en el mundo por la escasez de semiconductores, los ubicuos chips que hacen funcionar televisores, smartphones, consolas de juego y lavadoras, entre otros miles de artículos cotidianos. La escasez, que comenzó a ser alertada a principios de 2020, continuará este año. La producción de chips de alta tecnología está fuertemente concentrada en dos fabricantes, TSMC de Taiwán y Samsung. Es una industria con altísimas barreras de entrada. La escasez actual es producto de una tormenta perfecta que va desde la pandemia, que disparó las ventas de artículos electrónicos y computadoras, hasta la guerra tecnológica entre EE.UU. y China, que llevó a empresas como Huawei a aumentar sus importaciones de chips para reforzar sus inventarios. La inesperada recuperación de las ventas de automóviles e impactos climáticos, como las heladas en Texas, donde se ubican varias fábricas, y la sequía en Taiwán, añadieron enormes granos de arena al problema. ¿Cómo se ve el futuro? TSMC y Samsung tienen planes de inversión de más de US$100.000 millones cada una en nueva capacidad, incluyendo importantes sumas este año. La estrechez de la oferta podría extenderse hasta 2022, según TSMC.

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