El 2021 fue el año del compromiso de cero emisiones netas. Lo vimos en la COP 26, donde países, empresas e inversionistas se alinearon para establecer planes de descarbonización de las economías y poner el foco en la naturaleza y, por ende, en la humanidad y el camino de vivir de manera sostenible dentro de los límites planetarios.

Para alcanzar los objetivos de corto plazo se debe actuar rápido. En noviembre pasado, la Alianza Financiera de Glasgow para Net Zero (GFANZ) comprometió USD 130 trillones de capital privado para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, a través de más de 450 firmas de 45 países por las próximas 3 décadas. 

La asignación acelerada de capital privado a inversiones sostenibles a escala se basa en información procesable, tanto sobre los riesgos como los impactos ambientales, lo cual abre el debate de la tan llamada doble materialidad, en que el impacto de una empresa hacia dentro (financiero) debe cobrar igual relevancia que el impacto externo (medio ambiente, economía y personas). Faith Ward, presidenta del Grupo de Inversionistas Institucionales sobre Cambio Climático (IIGCC, por sus siglas en inglés) y directora de Inversiones Responsables de Brunel Pensión Partnership, sociedad que administra £35 billones, lo tiene muy claro: “Incorporar la doble materialidad es esencial para que la inversión responsable y la integración climática se adapten al siglo XXI. Mirar solo la mitad de la ecuación parece muy anticuado.”

Hasta la fecha, Europa ha asumido el compromiso más audaz con la doble materialidad, que se incluye explícitamente en la Directiva de informes de sostenibilidad corporativa (CSRD) y sus Estándares Europeos de Informes Sostenibles Subyacentes. En Chile, tenemos un desafío y compromiso importante en la incorporación de parámetros ESG, con planes de inversión pública por un adicional de US$ 4,5 billones por sobre el presupuesto regular desde agosto 2020 al 2022, bonos verdes soberanos por USD 7,6 billones emitidos a la fecha, monto similar a los bonos verdes emitidos del sector privado. 

En Fynsa estamos comprometidos con la integración de estos parámetros a través de nuestros fondos de inversión: Fondo Rockville Solar Energy, se evita la emisión de 144 mil toneladas de CO2, equivalente a 1,8 millones de árboles por un período de 10 años. Fondo Fynsa Migrante, se generan externalidades positivas en cuanto a la integración social de inmigrantes que buscan acceso a crédito, cuya cartera al cierre de diciembre llega a más de $16 mil millones. Fondo Fynsa Energía se reducen 78.300 toneladas de CO2 al año y abastecen de energía limpia a más de 90 mil hogares. Estos y otros desafíos son parte de lo que se viene para el 2022 en materia de inversión de impacto.

 

 

Equipo AGF

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