Luego de múltiples negociaciones, luego del denominado “acuerdo de mínimos comunes”, el gobierno anunció el pago de un ingreso familiar de emergencia (IFE). Inicialmente, iba a ser por tres meses, desde junio, a lo que se agregó el pago de un 50% del monto para septiembre. Más allá de las características micro de los desembolsos, nuestro interés en esta oportunidad es poder responder una pregunta que recibimos constantemente: ¿la mayor liquidez con la que están disponiendo los hogares, impactará la inflación?

Para lo anterior, un poco de historia. Desde agosto del año pasado, hemos tenido 4 eventos en los que la liquidez de los hogares ha aumentado de manera importante. Esto no quita que haya habido más desembolsos a los hogares por parte del gobierno, pero en términos de monto, creemos que los más significativos han sido los tres “retiros de 10%” por parte de los ahorros en los fondos previsionales y, en lo reciente, el pago del IFE hasta el 100% de los hogares inscritos en el Registro Social de Hogares (RSH). Los primeros tres retiros totalizan, a la fecha, más de US$50 mil millones, mientras que las ayudas del IFE llegarían a más de US$10 mil millones. 

El primer retiro, hasta el momento, ha sido solicitado por casi 11 millones de afiliados, de los cuales un 98,5% ya ha recibido sus pagos. Éstos suman más de US$21 mil millones, con un retiro promedio por afiliado de $1.412.513. Por su parte, el segundo retiro, ha recibido 8,5 millones de solicitudes únicas con un desembolso promedio de $1.460.098 por afiliado, lo que ha significado para el sistema una salida de más de US$16 mil millones. Es importante mencionar que, de los tres, este ha sido el único que ha considerado renta para el pago del impuesto global complementario. Finalmente, en el más reciente, un poco más de 6 millones de personas han solicitado el tercer retiro, lo que ha movilizado más de US$12 mil millones, con un pago promedio de $1.460.215 por afiliado.

El Banco Central, en el IPoM de marzo, incluyó una minuta en la que descompone los destinos que tuvieron los fondos del primer retiro. Así, se estima que en torno a US$3,7 mil millones se utilizaron en consumo, mientras que el resto se ha destinado a otras alternativas de ahorro o liquidez precautoria. Estas estadísticas son de vital importancia para nosotros, puesto que este monto ha sido el más transversal de los tres. Bien es sabido que, con cada retiro adicional, más afiliados quedan sin saldo en sus cuentas individuales. De hecho, según nuestras estimaciones, hoy casi 5 millones de personas experimentan esta realidad.

Estudios de nuestro equipo calcularon que, ese incremento de consumo provocado por el primer retiro tuvo efectos inflacionarios que alcanzaron, aproximadamente, 0,4 – 0,5 pp en tres meses. En una cuenta muy rustica, entonces, casi 0,1 pp por cada US$1.000 millones de consumo. Ejercicios similares realizados para el segundo y tercer retiro muestran impactos mucho menores, tanto porque el perfil de quienes pudieron acceder a estos retiros es distinto, como porque las condiciones de oferta también se han normalizado. 

Sin embargo, creemos que el IFE no tiene las condiciones de un “cuarto retiro”. De hecho, se parece muchísimo más a un primer retiro versión 2.0, ya que estaría dirigido a población con una alta propensión marginal a consumir, probablemente más afectados por los efectos de la pandemia y con una incidencia de desempleo también mayor. Por lo tanto, suponiendo que se comportaría como un primer retiro, pero también asumiendo que las condiciones de oferta cuentan con más holgura que durante el tercer y cuarto trimestre del 2020, es que aumentamos nuestra estimación de inflación para el año, desde 3,5% hasta 3,9%. Descomponiendo, creemos que los efectos se verían principalmente durante julio, agosto y septiembre. De esta manera, hemos mantenido nuestra recomendación de sobreponderar activos en UF.

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

Volver