Este domingo 21 de noviembre Chile volverá a celebrar una fiesta de la democracia. En esta oportunidad, nada más ni nada menos que elecciones generales: presidente y Congreso, sumado a consejeros regionales. Siempre una elección de este tipo es importante, pero probablemente en esta oportunidad lo sea aún más, dado el contexto político, social y sanitario que estamos enfrentando. 

Quizás por costumbre, los ojos están puestos principalmente en lo que pase con la presidencial. Como no veíamos hace tiempo, la primera vuelta sería extremadamente competitiva e incierta según lo que indican las encuestas (muy criticadas por lo demás, pero si alguien conoce un mejor instrumento, lo invito a exponerlo). Para no sesgarnos por una u otra, utilizamos el ejercicio de encuestas agregadas que realiza Tres Quintos, que da cuenta de un casi empate en la primera posición: Boric lidera con casi un 23% de las preferencias, seguido de Kast con 22%. En tercer lugar, Provoste con un 11%, mientras que Sichel, con un 8%, aparece cuarto, no muy alejado de Parisi (7%). Este tipo de dispersión de votos no lo habíamos visto anteriormente, lo que, sumado al alto porcentaje de indecisos, hace que lo único seguro en los resultados de la primera vuelta es que vamos a tener más de alguna sorpresa. Tal como menciona Kenneth Bunker, dado el mismo contexto político, social y sanitario que mencionaba más arriba, no es posible realizar proyecciones razonables no porque las encuestas sean malas (Ok, puede que algunas lo sean), sino porque, como ilustra muy bien, cuando uno saca fotos de muchos objetos en movimiento, suelen salir borrosas.

Es así como, en esta elección, se enfrentan candidatos muy distintos, algunos con concordancias en lo social, pero polos opuestos en lo económico, otros completamente parecidos en el diagnostico, pero con soluciones totalmente contrarias y, otros, que ni siquiera sabemos muy bien que piensan. Por si fuera poco, uno de los candidatos ni siquiera está en el país.

Pero, quizás más importante que la presidencial sea la parlamentaria. Durante los últimos dos años ha quedado claro que formando mayorías circunstanciales para alguna votación es posible incluso pasar a llevar la Constitución y que, con suficientes votos, se puede co-conducir el país. Los actuales temas en discusión en el Congreso no se van a acabar con su actual conformación y, de seguir ciertas iniciativas en curso, las fuerzas en ambas cámaras podrían cambiar significativamente como para poder pasar o no algunas iniciativas. De esta manera, por lo menos de nuestro lado, seguiremos con lujo de detalle aquellos resultados, los que ya no sólo se enfocarán en el color político de los candidatos, sino en lo que declaran sobre ciertos temas específicos que nos preocupan: retiros, impuestos, gasto fiscal, mercado de capitales, etc.

Por lo tanto, independiente de cuales sean sus preferencias, no da lo mismo. Informarse, utilizar las nuevas herramientas y canales disponibles para conocer a los candidatos (incluso, ver si uno hace “match” con alguno de ellos), incluso la posibilidad de interactuar en redes sociales con ellos nos hace más responsables del proceso que nunca. No más culpar al empedrado por quienes salen electos, por lo que legislan o por como conducen el país. Porque no da lo mismo, vayamos a votar.

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

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