El INE hoy publicó los datos sectoriales correspondientes a septiembre, los que mostraron una tendencia distinta a la que se veía observando los últimos meses. Después de bastante tiempo, impulsados por las mayores medidas de liquidez de las familias, el proceso de desconfinamiento de la población y las bajas bases de comparación que representa 2020, la actividad empezó a mostrar los primeros síntomas de desaceleración. Sí, me lee bien, desaceleración.

El mayor dinamismo observado en 2021 se ha fundamentado principalmente en medidas de carácter transitorio, lo que está bien que así sea dadas las urgencias que ha planteado la pandemia y la asistencia a los hogares. Esto ha estado detrás de tasas de crecimiento interanuales de las que no había registro, haciendo que el PIB de este año probablemente se expanda sobre el 11%. Sin embargo, el próximo periodo no contaría con las mismas características y nuestro crecimiento volvería a explicarse por los fundamentales de más largo plazo del país, los cuales en el último tiempo han enfrentado cierto deterioro. Si a eso le agregamos la incertidumbre natural de los procesos eleccionarios de fin de año, la tramitación de la nueva constitución, el desarrollo de la pandemia a nivel mundial y el proceso de normalización de las políticas ultra expansivas alrededor del globo, tenemos un escenario bastante desafiante. Es así como las expectativas para 2022 y 2023 con suerte llegan a 2,0% – 2,5%.

¿Pero cuáles fueron esos primeros síntomas? En primer lugar, la producción manufacturera, si bien crece 4,3% respecto al mismo periodo del año anterior, logra aquel resultado simplemente por compararse con una base baja, ya que si la cotejamos versus agosto de este año (utilizando una metodología que “elimina” componentes estacionales) cae 1,4%. Adicionalmente, y quizás refiriéndonos a uno de los sectores que ha mostrado mayor dinamismo, las Ventas del Comercio también se expandieron de manera significativa (19,9%) en un año, pero respecto al mes pasado, usando la misma técnica citada, cae 0,1%, diminución que no se observaba desde hace 5 meses, justamente antes de que comenzaran los procesos de desconfinamiento masivos de la población. Si desagregamos el resultado anterior, nos damos cuenta de que es el componente de bienes durables aquel que más se desacelera (-1,3% versus agosto), aunque el de no durables también lo hace (-0,4%). Como excepción destacan las ventas de supermercados, las que se expandieron tanto de manera anual como mensual.

Esto no quiere decir que la actividad como un todo se vaya a desmoronar. No. De hecho, lo más probable es que el Imacec haya mostrado un crecimiento cercano al 14% durante septiembre y que las alzas de dos dígitos en este indicador continúen durante lo que resta del año. Sin embargo, detrás de esas variaciones habrá cada vez menos dinamismo “fundamental” y sólo quedarán resabios de los programas de gobierno y retiros de los fondos de pensiones, los que, por definición, no son infinitos ni permanentes. De esta manera, desde el segundo trimestre de 2022 ya empezaremos a ver tasas más cercanas al 3%, volviendo a nuestra realidad de sopetón, pero también centrando la discusión (esperamos) en como crecer más de manera sostenida, responsable y sustentable. Y, ante la ausencia de motores de corto plazo, no descartamos que observemos una recesión técnica durante el tercer trimestre del próximo año. Pero no se asuste, esto no será una similar a la que experimentamos producto de la pandemia, de hecho, será algo más bien estadístico, pero que será un cable a tierra para que incorporemos de una vez al debate el cómo crecer más y mejor.

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa

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