El leaseback es una operación de leasing a la inversa, es decir, es una operación donde el propietario de un bien inmueble le vende éste a una entidad financiera y en el mismo acto, suscribe un contrato de arrendamiento sobre el mismo bien. De esta forma, el propietario del bien recibe los recursos (dinero) producto de esta venta, pero no pierde el uso del inmueble. Al momento de finalizar el contrato, tiene la opción de comprar nuevamente su activo a un valor determinado.

En momentos como en los que vivimos, donde la liquidez se ha contraído para muchas empresas, este tipo de operaciones resulta sumamente interesante, pues le entrega al “vendedor” la liquidez necesaria, sin perder la capacidad de usar el bien que le permite desempeñar sus negocios. Por ejemplo, un empresario con un local comercial que no tiene liquidez para seguir comprando insumos genera un contrato de leaseback con una entidad financiera por 2 años, vendiendo su local a ésta. Así, recibe los recursos para poder mantener su negocio vendiendo en el corto plazo. Luego de 2 años, cuando la situación económica es más favorable, y ya con su negocio funcionando con mayor normalidad, el empresario recompra su local al valor pactado. Para las instituciones financieras, el leaseback supone un activo con una rentabilidad determinada dada por los pagos del arriendo del período y una cobertura en caso de incumplimiento o no pago, dado por la garantía que es el local comprado al inicio.

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