“Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie” cantaba el Dúo Dinámico (y varios otros más, en sus propias versiones), en su popular canción “Resistiré”, de 1988. No hay que ser un experto musical para comprender su significado y entender porque se ha utilizado como himno en varias oportunidades difíciles.

Nuestro país hoy enfrenta una situación difícil. La pandemia, la crisis social y la crisis económica han calado fuerte. El año pasado, el PIB cayó un poco menos de 6%, más de un millón de personas perdieron su fuente laboral y en torno a 300 mil empresas dejaron de reportar ventas. Las restricciones de movilidad afectaron gran parte de nuestra vida cotidiana y acostumbrarnos no fue fácil. En lo personal, soy de los privilegiados que pudo seguir trabajando desde la casa, pero con dos niños preescolares que requerían atención, una salud mental a la que le empieza a pasar la cuenta el confinamiento y estudiantes universitarios a los que costaba mantener atentos en la modalidad en línea, el mantenerse productivo no fue nada fácil.

¿Se acuerdan que, a comienzos de todo esto, se visualizaba que desde el tercer trimestre en adelante las cosas iban a comenzar a volver a la normalidad? Bueno, eso también va afectando, porque muchas soluciones transitorias que se implementaban no estaban necesariamente diseñadas para ser permanentes. Así, cada vez que la coyuntura se veía peor y las cuarentenas se hacían más amplias, la situación económica empeoraba, con todos los costos que ello conlleva. De este modo, para 2021, se planificaba un primer semestre aún complicado, pero con una trayectoria que no nos haría repetir los momentos más difíciles de 2020. Sin embargo, a mediados de mayo, con excepción de algunas comunas de la región Metropolitana y otras de regiones, el país sigue en modo restrictivo, incluso peor que el mismo momento del año pasado.

En este contexto, el Imacec[1] de marzo 2021 creció 6,4% respecto al mismo periodo del año anterior, lo que estuvo por sobre las expectativas del mercado. Esto podría parecer mucho, especialmente considerando los datos más recientes, pero es justamente esa debilidad lo que explica este resultado. La baja base de comparación que representa 2020 sería, en parte, “culpable” de los altos registros de crecimiento que probablemente veremos durante los próximos meses. Sin embargo, no nos quedemos con eso. Lo realmente importante es que, en un mes tan complejo como lo fue marzo 2021, la actividad, quitando los efectos estacionales y calendario, sólo se contrajo 1,6% respecto a febrero. ¿Saben cuánto fue esa variación el año pasado? -6,0%. Nos hemos adaptado.

En esa misma línea, en el último IPoM del Banco Central, me enteré que dos de cada tres empresas que dejaron de reportar ventas, han vuelto a hacerlo. Pero eso no es todo. A diciembre, se habían creado más de 110 mil nuevas empresas, haciendo que, en el neto, durante un año marcado por el estallido social y la pandemia, haya 20 mil compañías más funcionando en el país. Seguramente se estarán preguntando si esta creación, en valor, es similar a la que existía previamente. Bueno, las conexiones interempresas (una manera de medir el número de negocios), retornaron a valores prepandemia. En términos de contratación, vemos números muy similares al que tenían las empresas, en promedio, durante los años pasados (cerca de 3 trabajadores por firma, que sube a 7 si se toman aquellas que parten con 3 o más trabajadores).

Es por las razones esgrimidas que, a pesar de que la pandemia no se ha acabado y que probablemente convivamos con ella un tiempo más, en Fynsa tenemos un sesgo al alza en nuestra proyección de crecimiento para 2021 (6,5%). Nos adaptamos, salimos adelante, innovamos, aprendemos a hacer las cosas diferentes.

Resistimos.

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa

 

[1] Índice mensual de actividad económica

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