La gran discusión hoy día tiene relación con la inflación local. Quién lo iba a decir, luego de bastantes años en que esto no fue tema. De hecho, no hace mucho, se esperaba que llegara la inflación, ya fuese por temas cambiarios, por cierre de brechas, por aumento del petróleo, etc, pero esta nunca llegaba. Si no me creen, revisen los informes de los departamentos de estudio locales (e incluso foráneos) en los años previos a la pandemia y se darán cuenta que ese era el caso. No sólo ocurrió en Chile: en el mundo era un puzzle el por qué, con economías creciendo, alto empleo e incremento de las remuneraciones, los precios permanecían impolutos.

“We’re not in Kansas anymore”, y hoy, por diversos motivos, la inflación es EL tema. Localmente, casi todo conspira a aquello: Fuerte recuperación local de varios sectores (mas no todos), depreciación cambiaria, incremento del precio del petróleo, posibilidades de aumento de otros precios de la energía, escasez de varios bienes por disrupciones en las cadenas de suministros internacionales, alzas importantes en el precio de los fletes marítimos, retiros desde los fondos de pensiones, transferencias desde el Estado, etc. En julio, el Banco Central aumentó su estimación a 4,4% para fin de año y todos (me incluyo) creíamos que exageraba. Hoy pareciera ser una estimación conservadora, especialmente porque desde ese encuadre macro ha pasado mucha, quizás demasiada, agua bajo el puente.

La variación de precios interanual llegó a 4,5% en julio, después de una sorpresiva alza de 0,8% m/m en aquel mes, levantando muchísimas alertas. Concuerdo en que no toda la inflación proviene de la demanda, lo que hace una gran diferencia al hablar sobre lo que nos convoca, pero hay una parte no menor que si lo hace. Y si juntamos ese exceso de demanda con la escasez de oferta, es como juntar el hambre con las ganas de comer.

En este contexto, el Banco Central ya ha comenzado un proceso de normalización monetaria, que partió en la reunión pasada con un alza de 25 pb, llevando la TPM hasta 0,75%. El mensaje que dejó en ese comunicado, y en las minutas, fue recibido por el mercado como “menos hawkish” respecto a lo evidenciado con anterioridad, con lo que incluso algunos proyectaron no vendría una seguidilla de alzas y todo el proceso se llevaría con cautela. Los datos desde aquella oportunidad, la extensión del IFE, la posibilidad de un cuarto retiro, la depreciación cambiaria, etc, han modificado la opinión del mercado y, no tengo dudas, las del Consejo. Así, desde la cautela a la urgencia, se argumenta que el Ente Rector sorprendería incluso en su reunión de agosto, con un incremento de 50 pb y no se descarta que estos se repitan en octubre y diciembre.

A ver, no me malentiendan. Creo que ese escenario es totalmente posible. Sin embargo, no creo que lo lleven a cabo, aún. La Reunión de Política Monetaria será el 31 de agosto, previo a la presentación del IPoM el 1 de septiembre. Evidentemente esa reunión considera el escenario de aquel IPoM y no del “vigente” correspondiente a julio. Por lo tanto, en aquella oportunidad no tendremos cifras adicionales de inflación, quizás algunas preliminares de crecimiento para julio, pero, más importante, aún no se habrá llevado a cabo la votación en la comisión de Constitución de la Cámara Baja correspondiente al cuarto retiro. Y aquello podría ser vital para el Consejo a la hora de querer apurar o no el ciclo de normalización. Aunque los activos de mercado pronostican que los mayores precios podrían ser algo más permanentes, la EEE continúa anclada al 3%, lo que siempre ha sido el principal indicador del Central para evaluar que tan creíble sigue siendo su meta. Por lo tanto, sigo creyendo que continuarían las alzas de 25 pb, la TPM terminaría 2021 en 1,5% y el ciclo de normalización seguiría durante el 1T22, llevando la TPM a 2,0% a finales de éste.

Por supuesto, si la información cambia, mi estimación también. En el caso de evidenciar nuevas sorpresas en los IPC, aprobarse el 4to retiro, dificultades en poder controlar las presiones fiscales en el presupuesto de 2022 y/o desanclaje de expectativas inflacionarias, los aumentos de 50 pb no se harían esperar, lo que dificultaría aún más el desempeño económico de 2022, que no contaría con las bajas bases de comparación ni con las extraordinarias transferencias realizadas durante este año. Vamos a ver que se nos viene este martes.

Nathan Pincheira 

Economista Jefe de Fynsa

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