Los días en los que se publica el IPC son especiales para mí. No sólo porque es la proyección a la que más trabajo le dedicamos, si no porque incluso modifica la dinámica familiar. Por si no lo saben, la mayoría de los datos en Chile se publican a las 8:30, en el caso del Banco Central, o a las 9:00, en el caso del INE. Sin embargo, el IPC se publica a las 8:00, usualmente el día octavo de cada mes. Por lo tanto, todo parte más temprano, hay que ajustar la rutina de levantar a los niños y se llegan a hacer ciertas concesiones respecto a los rituales matutinos. Todo, para a la hora, estar haciendo F5 en la pagina del INE para conocer su variación mensual.

Hoy no fue la excepción, aunque con una importante sorpresa. El INE informó que el IPC de julio aumentó 0,8% respecto al mes anterior, lo que dobló las expectativas del mercado. También las nuestras. Rápidamente, nos ponemos a revisar que pasó, que hicimos mal, si fue generalizado o influenciado por un par de productos, si hubo alguna modificación metodológica, etc. Lo cierto es que, en términos generales, las cosas subieron más de lo que esperábamos. No hay más explicación que aquello. Pensábamos que las frutas y verduras iban a caer, pero subieron levemente. Creíamos que las alzas del bus interurbano se iban a frenar, y no lo hicieron. Creíamos que las mayores importaciones de vehículos ayudarían a frenar las alzas recientes y tampoco pasó. Claro, muchas de las cosas que proyectamos si pasaron, pero eso sólo es para la estadística y para no castigarnos tanto, nada más. “Cero coma ocho” puede no parecer tanto, pero gracias al trabajo del Banco Central durante los últimos 30 años, nos hemos acostumbrado a inflaciones bajas y no tan volátiles, por lo tanto un guarismo así llama a la preocupación.

Además, hay que considerar que ese incremento tiene un contexto y un sinnúmero de explicaciones, que no solo definen las alzas recientes, si no que también podrían influir en el futuro. La variación interanual del IPC llegó a 4,5%, lo que es elevado para nuestros estándares. Si eliminamos los combustibles y otros elementos volátiles de la ecuación, el incremento llega a 3,9% en doce meses. Si tomamos este subconjunto y solo seleccionamos a los bienes (y descartamos los servicios), ¡el alza es de 5,3%! Evidentemente hay algunos problemas de stock en sectores específicos, el tipo de cambio se ha depreciado, el costo del transporte marítimo se ha disparado y las materias primas han subido. Pero también debemos considerar que los hogares cuentan con mucha más liquidez que hace un año. Los retiros de los fondos de pensiones suman US$50 mil millones, a lo que debemos agregar los diversos programas estatales, que en este momento llegan a aproximadamente US$3.000 millones mensuales. Es harta plata. Bajo ningún prisma estoy en contra de las ayudas a las familias que lo han pasado mal en esta pandemia, sólo digo que, como dijo Friedman, no hay almuerzos gratis y la economía (o sea todos) se ajusta a las nuevas condiciones. Uno de esos ajustes, en el corto plazo, son los precios.

Y esa inflación también modifica las dinámicas familiares, y no hablo de la que describí hace un rato, si no la relacionada al bienestar. La inflación es un impuesto que principalmente golpea a las personas de menores ingresos, disminuye nuestra riqueza y erosiona la ya convulsionada paz social. Así es como, para la estabilidad de precios, tenemos nuestro Banco Central. Éste ya comenzó un ciclo de normalización monetaria, subiendo la TPM en 25 puntos base durante su última reunión, lo que debería continuar dados los antecedentes a los que me acabo de referir. Es así como es bastante probable que la TPM finalice el año en 1,5% y que a comienzos de 2022 siga aumentando. Y con tasas más altas, también cambian las dinámicas económicas, aunque a eso dedicaremos otra columna.

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa 

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