Ese es el precio que algunos analistas europeos, como Casey Dwyer, del hedge fund especializado en petróleo y energía Andurand Capital Management, creen que pueden alcanzar para fines de 2021 los créditos de carbono que se negocian bajo el sistema europeo de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés). Desde principios de este año el precio de los créditos de carbono casi se ha duplicado, llegando a unos US$50 por tonelada en abril (Elon Musk, y los US$518 millones que facturó Tesla en créditos de carbono en el primer trimestre, pueden dar fe de los mejores precios). Detrás de esto está el creciente interés de inversionistas y empresas emisoras de gases de efecto invernadero (GEI) en este mercado y el efecto de una serie de políticas públicas destinadas a descarbonizar la economía, tanto en Europa como en EE.UU. Otros analistas, sin embargo, creen que US$100 por tonelada es una proyección poco realista para el corto plazo debido al impacto que un aumento de precio tan pronunciado podría tener en un importante número de empresas y en la economía en general, lo que llevaría a gobiernos y autoridades a intervenir para evitarlo. El de emisiones de carbono es un mercado fácilmente influenciado por decisiones políticas.

De todas formas, las condiciones están dadas para que la tendencia del precio del carbono siga al alza: los especialistas en cambio climático estiman que la tonelada debe cotizarse por encima de los US$50 para que represente un aliciente real para que empresas y economías se adapten y avancen hacia la meta de cero emisiones para el 2050. Un dato significativo: China, el segundo mayor emisor de GEI del mundo, anunció que en junio lanzará su propio mercado de emisiones de carbono en la Bolsa de Shanghái, tras años de coquetear con la idea.

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